lunes, 22 de octubre de 2012

Gourmets de Medio Pelo




El momento ha llegado. Ese momento que ha ido aplazándose por el verano y por ese gran lunes llamado Septiembre. El momento de volvernos a reunir en la barra de este bar. Si el firmante habla con un poco de escasez creativa ruego discúlpenme, resulta que me encuentro como el pirata de la canción de Sabina, así que más les vale no cebarse conmigo. Cojo, pero sin parche en el ojo, y con calmantes hasta las cejas. Un mal paso lo tiene cualquiera pero el mío fue peor y se rompió no sé qué hueso del pie y duele “qué demasiao”.


Vamos pidiendo ya el primer Martini, ¿no o qué? No creo que este sea lugar para hablar de lo mal que está el patio ni creo que sea momento de contar frivolidades veraniegas ni colgar fotos vía Instagram de lo pretencioso que haya sido el verano o inicio de otoño de cada uno (Instagram es pretencioso, solo se sube lo bien que uno come, lo bien que uno está… y dar envidia es mal, muy mal, pero lo peor es intentar darla y generar ridículo, es cutre a más no poder). De hecho hablando de esto voy a entrar en un tema que me ha llamado mucho y mal la atención. Yo me considero un “foodie”. Odio usar expresiones raras pero es que en español no existe término para definir esto. No soy un tragón ni un comilón, ni por supuesto un gourmet estirado con bigote encerado. Pero me gusta comer bien bebiendo bien, interesarme por la comida, hablar de comida y leer sobre comida (no dejen de visitar Quién te cocina). ¿Puede sonar snob? Puede, pero no lo es.
Ahora voy al problema. Fuego a discreción.

 Hace unos años los hombres querían ser Induráin, Ángel Nieto, Seve Ballesteros, Federer, no sé, ya me entendéis. Ahora esos mismos sujetos quieren ser Ferrán Adriá. Ahora el común de los mortales quiere saber esterificar texturas, sublimar esencias y tener la cocina repleta de cachivaches (adoro este palabro) y de sopletes con más peligro que McGyver en una ferretería. Ferrán Adriá tiene pleno derecho de ser Ferrán Adriá... pero usted no amigo, lo siento. Pero maldita sea, ¿qué es esto? ¿Democratizar ese mal llamado snobismo de la comida, algo que era tan poco popular como la cocina, tan íntimo que era para unos pocos chalados aficionados? ¿Convertirnos todos en gourmets de medio pelo? Joder, menudo futuro tienen las mujeres de este planeta con nosotros… Ahora cualquiera entra en la maldita Boutique del Gourmet y se marca un triple hablando de putas aguas procedentes de no sé qué manantial perdido de Escandinavia, del puto café procedente de Costa Rica elaborado con caca de murciélago, comprando delicatesen en packagings elegantísimos… ¿El problema? Que esa Boutique se ha convertido en Mercadona. Mercadona en Lidl. Y Lidl en eldesembarco de Normandía o Apocalypto. La culpa de esto, entre otras cosas, Instagram y sus secuaces. Cuidado. No digáis que no os avisé.

lunes, 2 de julio de 2012

Tic Tac... Tic Tac...


Ay, el tiempo… No, no me pongo melancólico, ni voy a hablar del tiempo, que esto no es un ascensor, maldita sea. Tampoco voy a hablar de la Selección porque para eso está el Marca, aunque sí que me quito el sombrero ante ese grupo de hombres de bien que ha hecho feliz a casi toda España. Voy a hablar del Tiempo, con mayúscula. El Tiempo es algo complicado. Es mesurable, se puede medir, pero es intangible, no se puede tocar, aunque visto de otro modo se puede saborear, disfrutar… A ambas cosas voy.

El Tiempo es algo demasiado precioso, demasiado escaso aunque no lo creamos, es algo que continuamente estamos gastando sin darnos apenas cuenta. Cuando algo es valioso en nuestra vida… ¿dónde lo guardamos? El dinero a salvo, las joyas bajo llave, los recuerdos en el corazón… ¿y el Tiempo? Pues os respondo, el Tiempo debe ser guardado en un bonito estuche. Efectivamente. Un reloj.
Un reloj (depende qué reloj) es el estuche perfecto para guardar algo tan valioso pero a la vez tan cotidiano como el tiempo. Por tanto voy a hablar de una de mis pasiones, de estos estuches. Reglas básicas, ahí van.

Lo primero. Hay que llevar reloj. Es una absoluta catetada no llevarlo. El reloj, tanto para hombres como mujeres, es como los zapatos, que un buen par arregla cualquier cosa de ropa que lleves puesta. 

¿Derecha o izquierda? Donde os dé la gana. Yo soy diestro y lo llevo en la derecha, para llevar la contraria, que me mola más. El gran Gianni Agnelli, fundador de Fiat, lo llevaba siempre encima de sus camisas Brook Brothers, eso es estilo, sin más, aunque no os guste.

Un buen peluco te puede convertir en un intento de hombre o mujer de bien. Por tanto, reloj en la muñeca ya. Resulta más hortera aun el tener que mirar la hora en el maldito móvil por no llevar reloj, y resulta bochornoso preguntar la hora por la calle al son de “¿me da la hora por favó?”. Nada, nada, reloj y fuera. Ahora bien, todo depende del reloj, bien es cierto. 

Relojes que por caros que sean que parezcan que dispensan chicles como aquellos que venden en las tiendas de golosinas no, gracias. Los que yo llamo relojes de futbolistas, bien sean de oro de verdad, con incrustaciones de piedras y demás, son terribles. No hay que ostentar. La elegancia consiste en el arte de pasar notablemente desapercibido. He dicho.

Mariconadas tamaño XS tanto en hombres como mujeres está pasadísimo de rosca. Y ya ni te digo las ediciones especiales Fernando Alonso, Mercedes Benz y Perico el de los palotes. Nada. Un reloj de verdad joder. 

Repito, Rolex o la marca que sea no es sinónimo de bien, cualquier cateto con dinero puede comprarse lo que quiera, también es cuestión de actitud, de forma de ser. Se puede ser un auténtico hombre de bien con un par bien puesto y calzar un Swatch, todo depende de cómo seas, del momento y del Swatch.
Ahora bien, tengo ciertas predilecciones que está claro, son Relojes, de nuevo con mayúscula, nada de chorraditas.

Omega Seamaster Professional300M. El maldito reloj de Bond. El acero frío durante el verano en la muñeca hace que cada vez me enamore más y más de este amigo. 

Y el IWC Portuguese, la elegancia hecha reloj. No hay más, que la imagen hable por sí sola. 

Hay más pero estos son clave. Son objetos caros, y muchos relojes están al alcance de pocos bolsillos. No caigáis en la ingenuidad de pensar “total, para dar la hora”. Podemos estar así con todo en la vida, ya que realmente casi todo es superfluo. Pero al fin y al cabo, como dijo Wilde, dadme lo superfluo, que lo cotidiano todo el mundo lo tiene. Uno tiene sus preferencias, sus gustos. El gran George Best dijo que gastó mucho dinero en coches, chicas y bebida, y que el resto de su fortuna la malgastó. A eso me refiero, a preferencias, a no despilfarrar. Nadie habla de gastarse miles de euros en relojes, solo hablo de guardar algo bonito en un lugar bonito, en el lugar que a cada uno más le guste, pero guardadlo, nada más. 

Sed felices y dejad que el tiempo pase con el mayor estilo posible.

viernes, 29 de junio de 2012

El Ansiado Final del Gin Tonic



Habéis leído bien. La bebida más amariconada de este mundo empieza a palpar su triste y justo final. Justo cuando os empezaba a gustar aquello a lo que muchos llamabais hace un tiempo colonia injustamente, es decir, la ginebra. Justo cuando, guiados por las malditas modas de este mundo y más concretamente de Madrid, habíais hecho el esfuerzo de aprenderos de memoria unas cuantas marquitas de ginebra la mar de sofisticadas para soltar de manera pedante a la mínima de cambio en una conversación. Justo cuando habíais encontrado la combinación más asquerosa de pétalos de a saber qué flor o ramas de a saber qué hierba. Justo cuando guiados por el snobismo más barato e insulso creías que era “bien” pedir tónica Fever Tree y decíais captar el sabor de la flor de loto en la ginebra. Va y se acaba. Qué pena. Miento. Ya era hora por Dios. El gay tonic, mejor que gin tonic, nos ha convertido en unos plastas, y en esta vida no hay cosa peor que ser un plasta, así de claro.

Cuando a todo el mundo le da por pedir lo mismo, cuando hasta el último de los meapilas de turno se cree destilador de ginebra en la India o en el patio de su casa. Cuando el maldito pepino y los pétalos de rosa roban protagonismo a aquella transparencia tan sutilmente elegante del old gin tonic. Cuando ves carteles en garitos del estilo “Los jueves nuestro experto en gin tonics preparará…”. Cuando ya la cosa se llama Tea Tonic y hay tropezones de dudoso origen flotando en el vaso. Cuando el pelmazo de turno solo puede tomar su gay tonic en “copa de balón” y si no es así ya se toma su copa con cara de estreñido. Cuando sucede todo esto se tiene que acabar, hay que cortar de raíz porque lo siguiente es que se acabe la humanidad. Y se está acabando. El gay tonic digo, la humanidad aun no se acaba, creo.

¿Y ahora qué? Pues qué va a ser. Pues whisky. Y os voy a decir porque mola más y porque gana por goleada. 

Todos aquellos que osáis decir que sabéis tanto de gay tonics, a ver. ¿Cuánto se tarda en elaborar una ginebra de las vuestras? De esas con nombres tan sutiles como “G’ Vine Nouaison Gino “Fifty Pounds” o los muertos del faraón bendito destilados, me da igual. Os lo digo yo. Muy pocos días. Por su lado, un whisky mediocre… diez años. Es ese tiempo el que le da a la bebida su carácter, sus matices, esos secretos que solo el tiempo guarda. Cosas que el gin tonic no tiene ni por asomo.

El gay tonic le gusta a todo el mundo ahora, es demasiado fácil, todo el mundo puede probarlo y se creen con criterio para sentar cátedra. El whisky no. El whisky por su parte aleja a niñatos, a modernos, a gente que come sushi, a runners y a hipsters. Por tanto, es bebida de hombres de bien.

Es una bebida que requiere su momento, su tiempo, que transmite sensaciones a cada segundo que pasa, es un estado de ánimo, es seria, adulta. El whisky aporta una forma de ser. El gay tonic no. El gay tonic te convierte en un pelmazo de un gran calibre.

La última razón es sin duda la definitiva. Lo beben James Bond y Don Draper. Hombres de bien. Punto y final.


miércoles, 27 de junio de 2012

Guerra a nuestros vecinos


Empiezo antes avisando como siempre. Si alguno es de los que piensa que el fútbol es un deporte de gente aborregada y que entontece a las masas…te acabo de infectar el ordenador con ántrax. Que no, es broma, más quisiera, pero sal de aquí inmediatamente. Gracias. Pusilánimes fuera, comencemos.

Portugal. Frango grelado (pollo asado), bolo de bolacha (pastel de galleta), bolinhas en la playa, Algarve, el vino de Oporto, etc. Es tan larga la lista de cosas geniales que tiene Portugal que me puedo eternizar. Una de ellas se llama CR7. O melhor jogador do mundo. Claro, lo escribe un madridista. Pues bien, después de que los nuestros arrasaran al vecino gabacho con dos tantos del guipuchi más español de todos, no es otro que Xabi Alonso,  nos toca enfrentarnos a ese jugador que tantas alegrías nos ha dado esta temporada a los del club merengue. Nos toca enfrentarnos al que para muchos es el mejor delantero del mundo. Y vamos a ganar. No hay opción damas y caballeros. España lo parte. Sé que todos nos convertimos en unos auténticos plastas cuando decidimos ejercer como seleccionadores. Todos nos creemos seleccionadores cada dos años, tanto en Mundial como en Eurocopa. Todo es que si Torres tal, que si “falso 9”, que si Llorente “pa qué va”… patatín patatán. El resultado de todas estas chorradas es que don Vicente del Bosque nos ha plantado en semifinales, y, aunque no nos lo creamos, somos la selección más temida. ¿Y por qué? Porque nos lo hemos ganado. España tiene un equipo de jugadores cada uno de su madre y de su padre, que se creerán más o menos españoles, pero lo indiscutible es que son los mejores. Lo confieso, me cae fatal Iniesta, Piqué y toda la calaña culé que pulula por la selección. Pero lo reconozco, cada uno, a su manera, son únicos y son los mejores. Porque son españoles maldita sea. Se lo crean ellos o no son españoles, y eso nos hace gritar de emoción, saltar de la silla, al verles dejarse el alma por esa camiseta roja.
Punto aparte es “la Roja”. “La Roja” es la mayor chorrada de este país junto con Ana Mato. Ese término es una vergüenza y me provoca reacción alérgica cada vez que la escucho. Como siempre, todas las chorradas son inventiva de Telecinco, Cuatro, Mediaset, los Manolos, Juanma Castaño, el “No hay dos sin tres” y su madre a caballo. Joder, “La Selección Española”. “La Roja” si acaso será Elena Valenciano o alguna chusma de esa. Nuestro equipo es La Selección de toda la vida. Os imagináis la canción de los Nikis, la de “El Imperio Contraataca”. Diría “Mira como gana la roja…” en fin, ni rima.
La Selección maldita sea, por favor, que queremos ser personas decentes y de bien, a ser posible. 

Hablando de mi corazón madridista no quiero dejar ningún tipo de lugar a la duda. Este es el único partido que quiero que CR7 esté más perdido que el pobre pulpo Paul. Por un día guardaré mi camiseta del Real Madrid de Cristiano y teñiré más de rojo y gualda mi corazón. Porque esta selección de chicos se lo merece. Porque es vergonzoso que en este país haya gente que quiera que gane el vecino portugués porque juegue Ronaldo, Pepe o porque Mourinho sea portugués y a Karanka se lo hagan parecer. Porque este país lo está pasando muy mal y nos merecemos aplastar a Alemania o a quién se nos ponga por delante en la final, infarto cardiaco de Merkel incluido por favor. Que para algo somos españoles. Porque si a día de hoy algo nos puede alegrar el tema es el fútbol para bien o para mal. Porque esta Selección y este país tienes más hambre de victoria que nunca, y sin encima el hecho de tener delante al mejor del mundo nos motiva aún más para salir a comernos a los portugueses mejor. A por ellos. Oé.

lunes, 25 de junio de 2012

Un Buen Verano








Ya es oficial. Es verano. Qué miedo. Pese a que hace ya tiempo horteras ellos y ellas ya nos lo venían diciendo, ellos con sus chanclas en pleno Madrid y ellas con sus bragas vaqueras (porque no llegan a ser short vaquero, le faltan centímetros): el verano ya está aquí. Llega la época del año en la que por suerte o por desgracia nos relajamos en todos los sentidos. El que escribe incluido, faltaba más. 

El problema del verano es que también se relaja el buen gusto y los quehaceres del hombre y mujer de bien, y eso, para una persona con algo de nostalgia de guillotina (gran cacharro francés, todo hay que decirlo) y colmillo afilado como un servidor, es pie para darle y darle a la tecla a base de poner verde a mis presas fáciles. Por ejemplo, bingo, los modernos.
El verano es su época. Acaban de estafarles con su nuevo Samsung Galaxy SIII (lo veremos adelante, pero Android, Samsung y eso es lo que le va a los modernos, nada de Blackberrys y iPhones) y no van a parar de atufarnos con sus fotos vía Instagram de sus cenas, sus comidas, sus chorradas a base de sushi, yogur helado y demás materia incomestible. Blogs llenos de fotos cupcakes, de muffins y de payasadas varias (las madalenas estás estupendas para comer, no en fotos maldita sea). Sus check-ins en los lugares más cool según su gusto de Madrid, los mercados y bares más casposos, la comida menos comida que jamás hayáis visto y los filtros para las fotografías más horteras ever seen, revistas pasadas de rosca como Vanity Fair incluidas encima de la mesa. Hay que joderse. Eso es llenar de mal gusto Madrid, Internet y el mundo en general. Basta por favor.

El verano, visto desde un punto de vista bien, puede ser la mejor época del año. El verano hay que aprovecharlo. Es cierto que habrá que escuchar las ineludibles canciones del verano, no pasa nada, una vez al año no hace daño. Es cierto que la playa está llena de fauna insufrible, las piscinas también, llenas de trajes de baño (no bañadores por favor) bochornosos. 

Pero siempre hay esperanza. Es momento de relajarse, de descargar estrés, tiempo de salir, de beber y comer bien. El verano nos brinda la oportunidad de disfrutar de todas esas delicias allá donde vayáis, de disfrutar de aromas que solo son posibles en estas fechas del año. El olor a pescaíto frito junto con la brisa del mar y más tarde, volviendo a casa el dulce olor a dama de noche con un cielo azul marino… Despertarte con la banda sonora de olas batiendo sobre la costa, la pieza musical de las banderas del paseo marítimo ondeando y golpeando contra el mástil, el sonido de chapuzones en la piscina… todo se alinea de forma que, si queremos, podemos crear un cuadro espectacular. Para llegar a septiembre realizados y con la convicción de que hemos pasado un verano de bien solo habría que seguir unas pautas para no autojoder tu verano y no joder el verano de los demás. Chanclas (para ellos) en piscina. Básico. Caminar por ciudad con chanclas es terrible. Serán cómodas y todo lo demás, el traje no es cómodo y se lleva a ciertos sitios, ¿no? Pues lo mismo con las chanclas caballeros. Del sombrerito ni hablamos. Patético en ciudad. Un hombre de bien, si lo necesita, siempre puede llevar un panamá en la playa, pero ya está. La gorra y camiseta sin mangas… no comments.
Más cosas. Un detalle que siempre me pasa, sin excepción. Aquellos que llegan a la piscina de la urbanización y se dan una vuelta saludando a todo el personal al son de “buenah tardeh”. Caput. Terrible. Uno llega, tranquilamente, saluda correctamente a quién tenga que saludar y a quién se lo merezca y se sienta o tumba discretitamente, sin llamar la atención. 

Apartado comida y bebercio. Ante todo una absoluta falta de respeto y además un ridículo espantoso son aquellas personas que llegan a un sitio y se creen amos y señores del lugar porque bien conocen al camarero de turno que es “de toa la vida” o se creen que por tener una cartera abultada son alguien. Reíros para vuestros adentros, porque a ese señor seguro que hasta su perro le vacila de puertas para adentro de su casa. Nunca hay que cometer excesos, que luego se pagan, comer y beber de bien son también cantidades. Como siempre desterramos el agua y cocktails sin alcohol. Para el verano Daiquiri y Gimlet Foxstrot. Cuidado, son adictivos. Si el bolsillo lo permite champagne, por supuesto. Y de comida nada de tonterías, lo típico del lugar. En el sur toca lo que toca y en el norte toca lo que toca, nada de remilgos.

Ultimando, siempre es bueno leer algo interesante y de calidad. Lo mismo con alguna peliculita rescatada de la memoria o del cine. Este verano se estrena lo nuevo de Batman. Está llena de hombres de  bien. Batman/Bruce Wayne,Gordon, Alfred… aprended.

jueves, 21 de junio de 2012

Beber de Bien


Un hombre de bien bebe. Punto. Lo dije el primer día y lo diré siempre. Beber es de bien y de buen gusto. Se ponga como se ponga el personal. El sonido del hielo arañando el cristal es de otro mundo. Beber y convertirte en un plasta es de mal. Es así, ¿no o qué? Alguien dijo alguna vez que hay que desconfiar de una persona que no tenga vicios. Más razón que un santo. El que te diga que no bebe porque no necesita beber para pasárselo bien miente. Te dirá eso porque no sabe beber, que es distinto. Pero bueno, tíos moñas aparte vamos al tema. Un hombre de bien bebe, pero jamás se arrastra. Uno puede beber y acto seguido liarla, y al día siguiente pedir perdón y punto, no pasa nada, basta con no repetirlo. Pero lo que uno no puede hacer es arrastrarse (metafóricamente hablando se entiende). Dignidad, maldita sea.
Todavía  existe gente que dice que la barra es el lugar del hombre, el macho alfa en su trinchera, la barra. Ja. ¿Oís mi risa? Un hombre de bien se camufla en el medio, para eso está. El hombre de bien debe bailar, debe petar the dance floor si así el lo cree conveniente. Si toca bailar, toca bailar. Y punto. O bebe más pintas que los ingleses en Londres si se tercia, rompe más vasos de vodka que los propios rusos en Moscú. Si toca eso, toca eso señores. Hay que adaptarse aunque uno no quiera.
Conversación. Apartado tremendamente delicado. Partimos de la base de que es condenadamente odioso todos aquellos que cuando beben se creen ministros de economía, barmans, pilotos de F1 o peor aún, asistentes de cámara Billy Wilder. No, no y no. No se bebe para sentar cátedra maldita sea. Buena música, cocktails y la mejor compañía. ¿Qué más se necesita? Si hay un momento de silencio incómodo pues mano arriba y otra ronda.
¿Qué beber? Buena pregunta. Todo menos agua. El agua es para las macetas como reza la sabiduría popular. Ejemplo de buen beber (y de otras muchas cosas) es Bond. Es el claro ejemplo a seguir. Allá vamos.

Vesper. Cocktail que toma el nombre de la tía que le partió el corazón a Daniel Craig en “Casino Royale”. Tres partes de ginebra Gordon’s, dos de vodka, media medida de Kina Lillet (vermú), bien frío y con una filigrana de limón… No words.

Bourbon. En vaso bajo, un par de hielos. De un par de tragos la primera y luego se rellena y bebemos lentamente. Got it.

Champagne. Taittinger, Krug, Dom Perignon o Veuve Cliquot. Gracias al marketing ahora ya solo bebe Bollinger, mejor aún. Acompañado, solo para algunos bolsillos, de caviar. "Mira nena, hay ciertas cosas que no están permitidas, tales como beber Dom Perignon del 53 a una temperatura superior a los 4º, es tan malo como escuchar a los Beatles sin taparse los oídos" Dicho por Bond. Amén.
Vino. Bebe Chateau Angelus, del 82. No sabe nada el inglés este.

Gin tonics. De ginebra normal, nada de florituras, Gordon’s o Beefeater. Peel of lemon y chorrito de angustura. A lo old school.

Martini con vodka. El clásico. Mezclado no agitado. Uno es poco. Dos roza el peligro. Tres son un exceso imperdonable. Como reza la imagen, si algo no se puede arreglar con cinta aislante o con un martini entonces no merece la pena arreglarlo.

¿Qué más os puedo decir?Maldito Bond, James Bond.

lunes, 18 de junio de 2012

Fauna Urbana


Aviso a navegantes, esta entrada puede escocer, pero ya saben, quien avisa no es traidor. Me ha venido a la cabeza dos dichos de dos amigos míos que si los unes creas un modo de vida más que exquisito. “El verde es para las vacas y correr es de cobardes”. Más claro el agua, ¿no? Alto, alto. Antes de que se me abalancen al cuello matizo como de costumbre. La dieta sana es y será buena. Y hacer ejercicio es de hombre y mujer de bien, por supuesto. Pero como todo en esta vida en su justa medida, y a nosotros, los españoles, se nos da bastante mal el apartado “en su justa medida”. Verán por qué, paso a explicarme. Madrid es lo más parecido a un zoo. Un zoo, sin más, repleto de fauna de lo más variopinta. Esto, en un zoo de verdad está muy bien e incluso resulta divertido ver a las bestias dormir y tal, pero es que la fauna de Madrid y la de la mayoría de las ciudades “cosmopolitas” es terrible, bochornosa. Comienzo por los runners. ¿Oís las risas? Ja. Runners. Tiene gracia su nombre. Corren. Ya está. Ese es su modo de vida. Y si no corren les da algo. Les ves, a ellos y ellas, en el escalón superior al adjetivo motivado (léase “flipado”) con esas fundas para iPhone que nadie compra, las del brazalete en el brazo, con esos auriculares que nadie compra que se parecen a una nave de Star Trek, con esas pintas de Usain Bolt cutre. Absolutamente obsesionados con los kilómetros recorridos, calorías consumidas y tiempo empleado en tal hazaña. Luego están los aficionados al fitness. Casi peores que los anteriores. Motivación máxima para su work out en el gym. Estamos locos. Preocupación máxima por los alimentos ingeridos. A ver gente, que es bueno hacer músculo, es bueno hacer deporte (depende cuál pero este no es momento), es bueno comer sano… pero no tanto.
Otra especie ahora. Los del sushi. Esos locos aficionados por el pescado crudo en dosis para astronautas. Microscópicas. Con palillos incluidos. Makis de tal cosa, sushi de colores, mariconadas varias. ¿Dónde está el cuchillo para trinchar carne y nuestro tenedor de toda la vida? El sushi creo que debería ser como La Meca para los musulmanes, una vez en la vida y no más.
Otra especie. Los que se creen nutricionistas. Esos que se saben de pé a pa la dieta de moda, lo que puedes y lo que no puedes, lo que sí y lo que no. Y es que éstos últimos, no contentos con imponerse a sí mismos dietas absurdas las imponen a los demás y se creen un escalón por encima ya que comen los hidratos de carbono cuando deben, no como tú. Gran cagada, lo siento. Sin meternos en problemas de salud y demás, que es más que razonable cuidar ciertos temas como alimentación y ejercicio, la gran mayoría de personas sobrevive de una manera más que decente, luce un tipo bastante razonable… sin tener que hacerse 10 km al día y sin despertarse obsesionado con el gimnasio. Y lo mejor de todo, comen y beben de todo como está mandado. Lo dije en el primer post, aquí no mola “el muere joven y deja un cadáver bonito”. Aquí lo peta el “muere (lo más tarde posible claro) gordo y con un hígado hecho trizas”. Interpretadlo como fina ironía, el hígado hay que cuidarlo medianamente, pero para el que tenga un cuarto de dedo de frente me puede llegar a entender. EL comer y el beber traen la felicidad, aunque sea momentánea, y quien lo niegue se equivoca. El vivir tranquilo, sin ataduras a ningún tipo de rutina impuesta por ti mismo es calidad de vida. Se puede hacer de todo en la vida sin esas ataduras innecesarias. Por cierto, si veis las noticas o leéis el periódico como hombres y mujeres de bien que sois o queréis ser habréis visto lo que os dije. Bruce Springsteen. Casi cuatro horas de concierto. El más largo de su carrera. Otro rollo. Apoteósico. Acabando, si os ofrecen un Martini no digáis que no, sed felices y haced feliz a vuestro hígado que para algo está, aunque mañana volvías a vuestra oscura rutina de ejercicios y dietas.